Cimarrón Uruguayo

A la historia de la raza

Juan Antonio Rivera

Como breve introducción a la temática, deberemos referirnos a la historia de la raza, indisolublemente enlazada con la de nuestro país, y no solamente por la mención que al Cimarrón realizará el Padre de la Patria Don José Artigas.


Efectivamente, nuestro Prócer se refirió a ellos en su famosa cita “Cuando quede sin soldados habré de criar perros cimarrones”.


Cimarrón es la denominación que se aplicó en América a todo lo que habiendo sido doméstico se volvía al estado libre o salvaje, y se utilizó para calificar animales (perros, pero también ganado) al hombre y también a plantas, por extensión se utiliza incluso para la bebida nacional: el Mate.


Así, los descendientes de los perros ibéricos, que dejaron los hábitos domésticos volvieron al estado silvestre o salvajes, en una cierta forma de regresión. En nuestra lengua, el término cimarrón parece estar muy vinculado con América
Los historiadores han realizado un paralelismo entre el perro objeto de nuestro trabajo con el tipo social humano que pobló nuestra tierra, antes aún de que se pensara siquiera en ser un país independiente, el Gaucho.


Nuestro territorio poblado con ganados provenientes de Paraguay y posteriormente de Argentina, que se multiplicó en forma asombrosa para dar contenido a éstas tierras hasta entonces tenidas como “sin ningún provecho”, dio lugar a un tipo humano muy particular, sin conciencia del derecho de propiedad (limitado a lo puesto y su caballo) casi nómada, de origen español, portugués e indo-americano, que tuvo un tipo similar canino, proveniente de los perros conducidos por los adelantados españoles, fundamentalmente perros de guerra, y posteriormente por quienes introdujeron el ganado, y quienes explotaron esa riqueza.


Según las descripciones conservadas, las fuentes son contestes en recoger como razas presentes en la época Mastines y Lebreles, sin duda no tal como se conocen hoy esas razas en España, sino tipos más rústicos, y con diferencias menos notorias, pues hasta los denominados lebreles por los cronistas, son ligados a los mastines de acuerdo con sus descripciones (cráneos más anchos y tipos más pesados). A ellos habría que sumarles el Alano, hoy desaparecido pero en otra época muy extendido y utilizado como perro de guerra y también ligado a los lebreles.


Hay constancias históricas de que desde muy temprano los conquistadores españoles trajeron sus perros como por ejemplo la cita de Fernando Asuncao a una carta de Luis Ramírez compañero de expedición de Gaboto, y posteriormente trajeron ejemplares de esta especie don Pedro de Mendoza, Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, etc.


En el Este del territorio de nuestro país se encuentran pequeñas elevaciones que fueron tomadas como formaciones naturales por muchos años. En el comienzo del siglo XX algunos interesados locales descubrieron que no eran tales, sino que albergaban vestigios de antiguos pobladores, muy anteriores a las corrientes migratorias que asentaron a Charrúas y otras etnias indo-americanas. No obstante hasta hace menos de una década se pensaba que el perro se afincó recién con la llegada de los españoles, hecho que a partir del descubrimiento de esqueletos de perro con cerca de 2500 años de antigüedad ha dado por tierra con aquel concepto.


Y no solo eso, alguno de esos restos se encontraron muy cercanos en el túmulo funerario de un ser humano, lo que nos dice de la cercanía no solo física entre ambas especies, sino de un estrecho vínculo que seguramente trascendía su natural importancia en sociedades cazadoras.


No es nuevo que los perros acompañaron a los primeros pobladores de nuestro continente primero por el Estrecho de Bering y en las posteriores oleadas migratorias ya en las costas del Pacífico de América del Sur, existiendo constancias de su presencia en todo el Continente con anterioridad a la llegada de los españoles.


El origen de nuestra raza como la de la mayoría de las razas que se desarrollaron por selección natural, nunca podrá ser develado con total certeza, por lo que hoy podemos decir que de acuerdo con los elementos que nos aportan los estudios arqueológicos reseñados, así como los provenientes de los cronistas europeos, podemos inferir que partiendo de los perros pre-hispánicos que habitaban nuestro territorio siglos antes del “descubrimiento”, y el aporte posterior de los traídos por los conquistadores, se ha desarrollado nuestra raza.


La gran cantidad de ejemplares existentes, que se reprodujeron sin limitación alguna dada la abundancia de alimento y la casi falta de depredadores naturales dio lugar a grandes cacerías llegándose a exterminar por cientos de miles según los cronistas en época tan tempranas como fines del siglo 16, debido a la peligrosidad que revestían. Una de las últimas de las que hay constancia fue realizada en 1951 y mencionada en el diario “Constitución” de Montevideo de fecha 2 de julio de 1852, en la que se mataron 13000 perros (Bañado de los Perros, Rincón de Ramírez, Treinta y Tres).


Al igual que el Gaucho, que se extinguió como tipo sociológico como consecuencia del alambrado de los campos, el comienzo de la explotación sistemática y con algún tipo de mejoramiento de la ganadería requería la eliminación del Perro Cimarrón.


Así, escapando de las grandes matanzas algunas hembras lograron refugiarse en las serranías y montes por entonces impenetrables, de donde algunos hacendados rescataron cachorros que fueron fácilmente re introducidos a la domesticación, logrando un auxiliar para el trabajo con ganado, la cacería y la guarda de sus bienes. Fue muy común posteriormente encontrar ejemplares descendientes de aquellos Cimarrones en las estancias.


En Cerro Largo se encuentra la cuna de nuestra raza, pero también en Treinta y Tres y otros “pagos orientales”. No obstante la primera es la zona de referencia de donde han surgido la mayoría de los ejemplares utilizados para la actual selección.


No podemos dejar de señalar que sin duda existió cruzamiento con razas modernas, debiendo por medio de la selección descartarse las características no deseables que ellas transmitieran, y que hoy podemos decir que son casi inexistentes.


Con anterioridad, la selección estaba a cargo de los hacendados o los peones, teniendo como único objetivo el trabajo que debían realizar.


Así las cosas, en el año 1988 un grupo de aficionados decidió buscar la recuperación de la raza y su reconocimiento como tal, y el 12 de octubre de aquel año quedó constituida la Sociedad de Criadores de Cimarrones.


Este grupo buscó ejemplares en todo el país pero especialmente en los departamentos de Cerro Largo, Treinta y Tres y Rocha, la barra del Arroyo Zapallar, los montes del Olimar y la Sierra de Otazo fueron los lugares más señalados pues existían constancias de que allí se habrían refugiado gran cantidad de madres con sus proles luego de las grandes matanzas del s. XVIII.-
Con la creación de la Sociedad de Criadores de Cimarrón, se buscó el apoyo de la Asociación Rural del Uruguay y del Kennel Club Uruguayo, institución de la que poco tiempo después pasó a formar parte.


También se estableció el primer estándar de la raza, tomando para ello las características de los perros rescatados de aquellos parajes.


Ese estándar fue revisado posteriormente, ya con más conocimiento de las posibles variaciones, y con mayor trabajo realizado, interviniendo en su redacción personas con trayectoria cinófila reconocida, el Sr. Horacio Pizzorno, Srs. Jorge Nallem, Adrián LandarteM y Julio Rueda.1


 

 

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